lunes, 14 de noviembre de 2011

Despedidas...

Domingo, otoño, mediodía y lluvia en la ventana. El tango que recuerda el exterminio, la comedia de magnates en la tele y anoche luna llena en ceremonia, fuego y medicina. Al paso marcial de los mercados, muerte en fuga tango preferido de algún nazi o plegaria, el tango de la muerte. Despedida Barcelona del dolor y la belleza, alegría que se pierde en la aspereza con que muestras la ternura. Hipocresía, etiqueta, separa y aleja el abrazo en armonía como sueño aquí y ahora uno contigo…

La noche rememora la mañana, la radio y música distinta, armonía superpuesta, voces, casi gritos en la rima, anuncian lo mismo, todo y nada, la plenitud del vacío aquí y ahora. El reloj marca las veinte cero dos cuando comienzo y la trompeta llega veinte cero seis. La esquina es la partida y la llegada de recuerdos que se escriben y son hoy el tiempo congelado en la fogata de hojas muertas bajo el farol mustio que añora ser tablado y carnaval montevideano, el otoño que falta siete años hoy domingo en Barcelona.

La voz parlanchina que no cesa en la cabeza es ése que no soy y nos confunde cada vez cuando entiendo que lo soy y olvido lo que soy, uno con todo, contigo, estoy aquí y ahora es siempre cuando late en comunión el corazón. La siento en el juicio a cada paso, aumenta distancias y temores. Rescato la risa del niño en los ojos de la madre, escucho ajeno el parloteo y causa gracia, me instalo en el presente para siempre, compartir lo que toque en alegría con quien quiera al son de música palabra y mucha risa.

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