Barcelona huele a puro, meo, tabaco negro y semen, amalgamados por el olor de la basura dijo Cristina, que se vuelve dual y también es la maría que inspira junto a las variaciones del verde del pebrer y los últimos rayos de sol en esta tarde de otoño casi invierno en can deu, casa de deu i mata en otro tiempo, dios mata traducido al castellano y acá quedó, perdido en este tiempo (es lo que toca), lo escrito el otro día acerca del momento y el lugar acontecidos. Hoy la radio pone ska con el recuerdo de los cadillacs y asustan cercanías, el miedo escondido de no ser. Anoche silbaba por la calle complacido una tonada y como siempre el olvido inoportuno; ya surgirá quizá cuando no sea necesario y la voz de la banda grita bicho raro y llega como dije la canción: no será la primera ni la última vez que pierdo el dinero por atender la belleza de señoras que agradece el corazón y no la mente que envenena. No es textual, sólo la idea. La memoria no encuentra la mágica poesía del entonces y la mirada conceptual aleja el sentimiento. Noción de virtud enajenada de pecado concebido en el fragor de conflictos no resueltos con el cuerpo apostólico y antiguo y vuelve la visión del jardín de la hermandad crecida en la concordia. La apertura es la paradoja del círculo cerrado donde siempre cabe uno más a igual distancia del centro del ser y el universo, medicina resonante para todos en cada pensamiento hacia la luz.
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