Mañana de domingo.
El recuerdo de la sangre, el labio leporino y el incendio de humedades invernales. El fútbol en la radio de Peñarol con Spencer goleador y Uruguay cuarto en México 70. En la tele novedosa el virginiano entre rayas por las caídas de tensión y amigos de la cuadra. El llanto lastimado de la madre anuncia la violencia del miedo y la mentira. Las ideas de justicia, compañero y solidaridad serán luego visión internacionalista y proletaria. Noción de patria humilde horizontal donde nadie es más que nadie, dijo el pepe (el de ahora con los mocos y los pedos). El Pepe, el jefe grande, puso esas visiones en contacto con la tierra y el espíritu olvidado en cada piedra, medicina en el círculo, el fuego y la palabra. El dolor de la pobreza y el rencor como Alfredo, o el General de la unión de los honestos, en variaciones orientales de milonga, nutriente endecasílaba del barrio, hija recatada del candombe, orgullosa del arrojo varonil en la simiente. El tango que camina nuestras calles y engrandece el saludo del ská y el rock and roll disfrutados con los hijos en conciertos solidarios pasados los tiempos clandestinos, esperanza de futuro que reclama la canción para la paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario